El hidrógeno se quema y viaja a través de la cámara de combustión 10 veces más rápido que una llama de gasolina. El hidrógeno llena el espacio entre las moléculas y produce el efecto de que estuvieran juntas. La llama viaja más rápido y el combustible es expuesto a la llama más pronto y por un mayor periodo de tiempo. Esto tiene como resultado una combustión más limpia y completa.
Puede imaginar que el hidrógeno es una bujía gigante en su motor; encendiendo todo el combustible en lugar de dejar gran parte del mismo sin hacer combustión.
La ciencia tras este proceso de combustión ha demostrado y documentado los resultados. Desde hace más de 30 años se sabe que añadir hidrógeno al combustible fósil, quemado en motores internos de combustión, mejora la eficiencia del motor. Numerosos artículos y análisis de la Sociedad de Ingenieros Automotrices (SAE) lo confirman.